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Diferencia entre una asociación y una fundación sin ánimo de lucro

Una pregunta habitual en nuestro despacho por parte de los clientes que necesitan crear una entidad sin ánimo de lucro, es si precisan la forma jurídica de la fundación o la de una asociación.

Si quieres poner en marcha un proyecto lo primero que debes tener en cuenta es qué figura jurídica se ajusta a tu objetivo.

Si tu proyecto tiene un objetivo de interés general, es decir, su objeto afecta a toda la sociedad  o a gran parte del conjunto de la sociedad y no únicamente a personas relacionadas con el proyecto, la mejor forma es la Fundación. Que además deberá cumplir otros requisitos:

  • No tener ánimo de lucro (compatible con la obtención de ingresos por la realización de alguna actividad) y,
  • La afección de un patrimonio para la consecución de ese objetivo de interés general.

Si el objetivo solo afecta a las personas relacionadas directa  o indirectamente con el proyecto a llevar a cabo, la forma más adecuada será la Asociación.

Las Fundaciones se constituyen en Escritura Pública con uno o más fundadores y deben contar con un patrimonio inicial de 30.000 €, mientras que las Asociaciones se constituyen con un mínimo de tres personas, en documento privado o público y sin cantidad inicial necesaria.

Diferencias entre una asociación y una fundación

Ambas presentan una serie de similitudes, como el hecho de carecer de ánimo de lucro, pero también diferencias que vamos a detallar en este artículo para que tengas claro cuál es la que debes elegir y cómo debes hacerlo en función de tu proyecto.

En función de su naturaleza

Como hemos comentado, este sería el principal matiz para diferenciar la fundación de la asociación. La asociación nace porque existe un grupo de personas con unos intereses comunes, como puede ser una asociación de amigos de la música cuyo objetivo es dar difusión a diferentes actividades culturales alrededor de la música, mientras que la fundación consiste en un patrimonio que se desprende del fundador para adscribirse a un fin de interés general, como por ejemplo la Fundación Amancio Ortega centrada en promover proyectos que faciliten la igualdad de oportunidades entre las personas.

Como vemos, la asociación gira bajo un eje personal mientras que la fundación lo hace a través de uno patrimonial.

En función del patrimonio para su constitución

Inicialmente, una fundación debe contar con un patrimonio de al menos 30.000 euros para poder constituirse, aunque la ley prevé la posibilidad de poder hacerlo con un patrimonio inferior que previamente el fundador deberá justificar.

En el caso de la asociación, no es necesario ningún aporte de capital inicial para que esta pueda constituirse, únicamente bastará con la voluntad de los socios que quieran crearla.

En función de su organización

En la asociación la forma de gobierno predominante es que ésta se rija por la voluntad de los socios en cada momento, es decir, que son los propios asociados los que deciden mediante voto en una asamblea de socios acerca del futuro, gobierno y actividad de la misma.

Tiene un carácter democrático ya que, debido a la pluralidad del ente y a la entrada y salida de nuevos socios a lo largo del tiempo, las dota de una autonomía mayor de decisión, lo que les permite escapar de la voluntad de los constituyentes originarios.

Por el contrario, la fundación se rige en todo momento en función de la voluntad inicial del fundador que éste adquiere de forma permanente en el momento de su creación. Es decir, la dota de un patrimonio y fija los objetivos o fines de la misma sin que los patronos que pueda haber a lo largo de su vida útil puedan alterarlos sustancialmente.

La fundación está gobernada por aquellas personas que el fundador decida, denominados patronos, y que este elegirá en función de su criterio.

En función de su financiación

La asociación se financia por las cuotas que pagan sus socios, sin perjuicio de la posibilidad de obtener otro tipo de ingresos.

En el caso de la fundación es el fundador el que a través de su patrimonio la dota económicamente, aunque también con la posibilidad de obtener otro tipo de ingresos por diferentes vías.

El tratamiento fiscal tanto de asociaciones como de fundaciones es semejante y así lo recoge la Ley 49/2, de 23 de diciembre, de Régimen Fiscal de las Entidades sin Fines Lucrativos y de los Incentivos Fiscales al Mecenazgo, excluyendo eso sí a las asociaciones que no hayan sido declaradas de utilidad pública.

Ambas entidades gozan de una serie de privilegios fiscales que consisten en una rebaja considerable del tipo impositivo de algunos impuestos, e incluso la exención de otros.

Cabe destacar que a nivel tributario no solo estas entidades gozan de ciertas ventajas fiscales, también las personas físicas o jurídicas que realicen aportaciones económicas podrán desgravar dicha aportación en el Impuesto sobre la Renta o Impuesto de sociedades, según proceda.

En función de su disolución y liquidación

En el caso de disolución de una fundación los bienes y derechos procedentes de esa liquidación se destinarán a entidades no lucrativas privadas o fundaciones que persigan fines de interés general y que tengan afectados sus bienes, incluso para el supuesto de su disolución, a la consecución de aquellos, o a entidades públicas de naturaleza no fundacional que persigan igualmente fines de interés general.

En el caso de la asociación cuando ésta se disuelve el destino del patrimonio que tuviera en ese momento será el previsto en los estatutos.

Y estas son en esencia las grandes diferencias entre las asociaciones y las fundaciones sin ánimo de lucro. Pregúntanos sin compromiso si deseas poner en marcha tu propio proyecto.

Economista y abogado, interesado en los aspectos económicos, sociales y organizativos de las entidades sin ánimo de lucro. Convencido de que es imprescindible que exista un Tercer Sector profesionalizado, que satisfaga de manera eficiente necesidades humanas que, por su propia naturaleza, ni la Administración ni el sector privado quieren o pueden cubrir.

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